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jueves, julio 9

Extracto de una conversación histérica, Ceibal y pajarito

He aquí, pues, la aurora, y la aparición del sol, la luna y las estrellas...
(POP WUJ)









Luego del fabuloso coctel del Museo de Arte Moderno pensé por un momento en ir a la exposición de Injuve en el (Ex)Céntrico, pero para todo esto y con la lluvia de por medio, ya era un poco tarde y la noche prometía otras cosas, otros rumbos, otros paraderos más intensos; pero no el centro. Entonces opté por desviar mi atención del Centro "Histérico" e ir a Sol Del Río, a la muestra de Alfredo (Ceibal). Manejé apurado, escuchando la Infinita, no sin antes entrarle al regalito.



Llegué como relámpago, teletransportado por una máquina de videos de los ochenta y con un feelin’ todo relax, todo yeah!, todo funky-groovy. Allí estaba la mera movida del arte guatemalteco con sus caras estiradas y sus posturas fabulosas de último minuto, qué risa. La mera elite de su época. Los meseros iban y venían con cantidades exorbitantes de alcohol, la gente se saludaba y hablaba cosas tontas y por un momento me sentí pleno, feliz, contento. Tanto así que me fui acercando a las pinturas poco a poco y de a una, me quedé frente a dos ríos inmensos; al final me acerqué a una pinturita fabulosa de un paisaje invertido con jungla y bejucos. ¡¡Ufff, qué cosa!! Allí había una bruja, una especie de bruja sicodélica bien loca. También habían unas nubes pintadas al acrílico y unos ríos y unas casas y unas vaquitas todas extasiadas chorreando luz y cagando frasecitas a colores. Me sentí en medio de la selva petenera, precisamente entre la selva de Seibal (y para colmo, el apellido de este compadre es Ceibal), justo al lado del Río La Pasión en Sayaxché. De repente, ¡zuc! La bruja hablándome y yo hablando con ella pero desde otra dimensión. Desde otro universo. Desde otro cuerpo. Desde otro lado.


–A mi lo que me duele, no es la muerte de Michael Jackson viera, sino que ya no va a haber todo ese morbo que había con la manoseada de los güiros y toda esa onda de las cirugías de nariz y no sé cuántas ondas más... porque aunque hay que aceptar que su música era de lo más cool, también tenía unas sus canciones que nada que ver con la época –me dijo abruptamente con la copa de tinto en la mano izquierda y extendiendo la derecha precisamente antes de presentarse –soy Karen, pero me dicen Kitty... trabajo en una consultoría y me gusta un montón el arte... ¿y a usted?
–Pueeees... no tanto cómo la música de Michael Jackson peroooo...
–Ala, en serio... ¿y cuál es su favorita? Cuénteme... A mi me gusta la de Thriller, por el bailecito que hacen al final del video... ¡es lo máximo! la verdad es que es un video bien hecho usted, el maquillaje y las coreografías son lo mejor, sobre todo los trajes, ¡alagrán! Pues si, ya no me contó...
–¿Qué coooosa? – pregunté confundido, al mismo tiempo que el mesero me entregaba una copa de tinto y yo saludaba a una amiga curadora.
–Ya no me contó si le gusta el arte... a mi me fascina, sobre todo... los artistas...
–Noooo sé... no quiero sonar pesaaaado peroooo si no me gustara el arte, noooo estaría aquí... quiero decir... es la inauuuuguración de la mueeeestra de Alfreeeedo... y siempre me ha gustaaaado mucho su pintuuuura... ¿si conoces a Alfreeeedo? –pregunté con la sospecha de “no” por respuesta mientras le veía los tacones de punta charolada de diseñador italiano. Tacones, tacones, tacones. Uy no las cosas que piensa uno cuando ve tacones.
–No, no lo conozco la verdad... ¡pero me gusta muchísimo su trabajo! sobre todo ésos corazones de allá mire... esos que pinta con tanto esmero ¿verdad que se ven tan simples? es como otro mundo su pintura, algo surrealista, imagínese corazones con selva, uno se mete allí en los cuadros pues... todo como bien simple pero bien estructurado, no se si me entiende... es como si el corazón fuera algo tan sencillo usted, a la mamá de una mi amiga le dio un paro cardíaco y fue shoqueante imaginar que de repente se le pare a uno el corazón así de fácil a cualquier hora o mientras está paseando al chucho o algo así, juajuaaajuaaa... imagínese usted... ¡qué grueso! es cómo si usted de repente está pintando y plof, le apagan la luz pues... pero mire, sigame contando de Alfredo... ¿o es Alberto? Uy que pena, ya lo confundí... pero ¿a usted le gusta Monet? A mi no mucho la verdad...
–¿Moneeeet? –de nuevo confundido, con la impresión de estar hablando con una de “ésas tías” que siempre tiene uno por pariente. Ésas tías que están bien “lucas” y son bien histéricas.
–¡Ala si, Monet, el de los paisajes impresionistas! A mi la verdad me gusta más Van Gogh, pero si hablamos de música... ¡juaaa... juaaajuaaajuaaa! –y soltó una carcajada, al principio tímida y esquiva, luego más estrepitosa. Más estrepitosa que un cañón de guerra en tiempos de paz que me destrozó la cabeza. Pero la paz para luego, ahorita lo que importa es la risa porque yo siempre he pensado que a una mujer se le conoce su atractivo por a) su manera de hablar del futbol, b) los zapatos que usa, digo el cuidado de sus pies, d) la forma en que se sienta detrás de la barra o en un picnic, e) la manera en que sostiene un cigarro o un tarro de chela, f) la manera que habla de sus amigas, g) si usa accesorios (bufanda, lentes, chal, boina, guantes, pearcings, cadena para la billetera, etc), h) si le gustan los gatos, los perros o los canarios, i) cuánto gasta en libros o en zapatos al año, j) si le gusta Pessoa, k) ninguna de las anteriores, l) su sonrisa.


En este caso, me olvidé de la ridícula risa y seguimos (siguió) conversando hasta que me bebí el tinto de un sorbo sin darme cuenta que “la histérica” me estaba preguntando algo. Ella movía las manos y gesticulaba mariposas multicolores de la boca. Yo en trance, tipo pajarito, me sonreía y sonreía mientras me olvidaba poco a poco que ella estaba ahí, no sin antes pensar en qué me estaría preguntando mientras yo pensaba en golpes militares, intentos fallidos contra el sistema democrático, desorden público y judicial, márgenes de error, sistemas penitenciarios, leyes postergadas, intenciones mal intencionadas, fatalismos hegemónicos, rivalidades en suspenso, burocracias inherentes, poderes públicos en deshonra, honduras bien profundas, honduras, Honduras, Honduras... ¡sáquenme de aquí, me estoy mal tripeando! Los duendes desaparecieron, Michael Jackson se los llevó al cielo o al infierno, Neverland, nunca jamás me vuelvo a meter estas mierdas... la posguerra es la guerra “pacífica” actual de las naciones, los duendes desaparecieron, será que tengo deudas en la SAT, tengo que hacer aquella carta con aquel formulario, no encuentro a los duendes... ¿dónde están? ¡dueeeendeeees! dejé muchos libros en aquella librería, no creo que se hayan guardado los datos, será que mañana pagan eso, olvidate de ese pisto, ese pisto ya etá perdido... los duendes, los duendes, los colores de las pinturitas, las brujas, las brujas, los hongos, el hongo... ¡¡el hooongo!!

¡¡Aaah, la culpa es del hongo!!

Del hongo infectado que toca el sábado y no tengo entradas, el pisto, la quincena, me duelen los pies, la cabeza me estalla en mil fragmentos, veo figuras extrañas, sigue el mal trip, los duendes desaparecieron con Michael Jackson y Peter Pan, Bush matón, hijo de puta, Delfín Quishpe, el pop ya no es pop, la música no es lo que era antes, que hay de Nirvana, Pearl Jam, Pixies, Candlebox, las drogas, las drogas, qué hay de Michael Jackson... se me inflan las venas, las pupilas me estallan, los duendes no están, los duendes, los dueeeendeees, mi duende, mi duende, mi duende también usa tacones y no ha llegado, que se apure porque me está dando el mal trip, el mal trrrriiiip, el maaaal trrrrrip, trippppp, trrrrriiippp... y ¡zaz! Los sexies tacones charolados de mi nena aparecen en el piso tintado de la galería. Todo recobra sentido, al menos por ahora.


Su reconfortante voz me abraza lentamente y me va trayendo de regreso desde el trance.

–¿Estás bien? –me pregunta– estás pálido.
–Menos mal que llegaste –le respondo– ésa chava como habla y habla, ya me estaba desesperando.
–¿Cuál chava?
–Esa de allá, la de los tacones raros
–Ahí no hay nadie mi amor, mejor vamos a ver la expo –me dice al momento en que me sujeto todavía de un bejuco (¿o de una palmera?) y las paredes del universo se rozan, se palpan. Hay un color obsceno en el piso. Hay un maremoto de emociones. Hay un corazón en medio de un bosque, la selva gime notas musicales y la noche avanza, sin estrellas, sobre la tibia carretera del vino y el éxtasis.



Más tarde me encuentro con Víctor y Alfredo, que me pregunta que qué tal me parecieron sus cuadros.


Bien trippies, le respondo brindando con un tinto.

martes, junio 30

3 POEMAS encañonados

1/

este poemita
que hice con tus manos
de fuego y asalto
me regresa
al laberinto
de los desencantos
me regresa como me regresan
las imágenes de una patria
toda desfigurada por
el llanto del televisor
en la mañana
más mortal
cubierta de
abandono


2/

tu fusil
majujo
chafa
torpe
yo no
puedo
cargar tus muertos,
los míos pesan doble


llevo los de la patria
y encima me visten de opalina


3/

hay poemas
que se salvan
de la indiferencia
de la infección
del cáncer
del virus
del olvido

este poema que escribo por vos o por la patria
tiene un poco de indiferencia cuando lo dedico.
el desatino que siento por vos
es lo que me lleva a vos, indiscutiblemente.
dejemos que no se infecte
tu ira con un cáncer maligno de pueblo y espina.
dejemos que no llegue a tu memoria este virus
tan acérrimo, tan difamante, tan prolijo, tan mezquino.

dejemos que el olvido no te hunda
porque algo hay que hacer con este fusil encendido.
hay algo que hacer, y no es precisamente amordazarlo.

martes, junio 16

ARBITRARIA MUCHEDUMBRE: recuerdo

De las carreras de ése día, tengo muchísimos recuerdos (Funes que es uno) pero hay un sólo recuerdo que me alimenta el ego y la nostalgia. Ése recuerdo vuelve a tomar colores, forma, movimiento y sentimiento. Ése recuerdo se vuelve a llenar de vida cada vez que lo repaso una y otra vez mientras hago un test en el Facebook, busco entradas para el concierto de Depeche Mode en Costa Rica, meo en el baño de algún bar, pincho con el tenedor algún trozo de carne durante el almuerzo o me rasco la entrepierna derecha mientras veo en cómodamente en el sofacama: "Padre de Familia".


Ése recuerdo, no es la sencillez con la que me saludó un fulano al reconocerme en las páginas del Siglo XXI ése mismo día. Tampoco es el recuerdo de ver caer unos cuatro o cinco dedos de mis colochos frente al espejo del salón con el crujir del filo de las tijeretas taiwanesas. Ése recuerdo, tampoco es la sonrisa de mi madre y de mi novia en el retrovisor del carro dirigiéndonos a Sophos Fontabella para presentar mi ansiado y nuevo libro. Tampoco es el recuerdo, de ver la sala llena y las miradas esperando los adjetivos de mis labios y la tormenta de abrazos cercanos, de gente queridísima, de halagos formidables, de querer detener el tiempo para abrazarlos a tod@s con el pálido fulgor de mis fiesteras, enérgicas y synthpoperas palabras.

¡No! El recuerdo del que hablo no es ése. Ni mucho menos es el recuerdo del abrazo con mi padre, con Javito y con Pancho; con Leslie, con Marré, con Eva, con Mayra. Con Marylin, con Neco, con Quique, con Roberto, con Güicho, con Leandro, con Beatriz, con mi hermana. Con la señora de los lentes, con el personaje de las dedicatorias, con el don tan raro y el otro tan buena onda. Con Julito, con Luis, con Mendel, con Marvin, con Alejos, con Edgar, con Mitchel, con Carmen, con Lorena, con Ileana. Con Sánchez, con Kate, con Yolanda, con Cristina, con Pato, con Nuto, con Paco, con Yuri, con Lester, con Zapper, con Noriega, con Dávila; con tantos y tantas, con todas y ninguno. El recuerdo no es ése, tampoco es el recuerdo de los vinos. Mucho menos la plática con Marito y el Titi, mucho menos la fulana bailándome con el culo en la puerta del baño, diciéndome insistentemente "vos sos el chico del día, el chico del libro... humm, el chico de-la-no-che".


¡No, insisto... el recuerdo no es ése!


Tampoco es el recuerdo del jipjop del Flako, las cervezas de Hans, la miniparty con Ariel, el disco de KJ sonando en el stereo hasta las 5 de la mañana; tampoco es el recuerdo de los cigarrillos furtivos, las blancas horas de desvelo, las lecturas de "Síncopes" de AM y "La Interpretación de Mis Sueños" de HH sobre el tibio sofá de la sala. Tampoco es el recuerdo de abrir botellas y botellas de tinto, tampoco es el recuerdo del desayuno fantástico, tampoco es el recuerdo con las caricias de mi novia rondando por el recuerdo, tampoco es el recuerdo del sueño, tampoco es el recuerdo, tampoco es el sueño, tampoco es el tampoco. ¡Tampoco!


El recuerdo, por lo contrario, es sencillamente otro.


Es un recuerdo que exclusivamente y sólo para mi: yo me comparto.



Fotografía por Cecilia Cobar